15 agosto, 2019

15 Agosto 2019

Era el suyo un espíritu que descendía de esferas más amplias
a nuestra provincia de efímera visión,
un colonizador desde la inmortalidad.
Savitri Libro I, Canto III, pág. 22

“ …hay sólo una cosa esencial, necesaria, indispensable:
tornarse consciente del la Realidad Divina,
vivir en ella y vivirla siempre”.
 Sri Aurobindo

15 julio, 2019

Libro VII: El Libro del Yoga. Canto I: La Alegría de la Unión; la Ordalía del Conocimiento Previo de la Muerte. 471


471

Mas cuando el dolor apremiaba demasiado próximo a la superficie,
esas cosas, antes gentiles complementos de su alegría,
le parecían carentes de significado, una cáscara brillante,
o una rutina mecánica y vacía,
actos de su cuerpo no compartidos por su voluntad.

Siempre tras esta extraña vida dividida
su espíritu* cual océano de vivo fuego
poseía a su amante y se aferraba a su cuerpo,
apretado abrazo para proteger a su amenazado compañero.

Por la noche se despertaba en medio de las lentas horas silenciosas
acurrucándose en el tesoro de su pecho y de su rostro,
prendida por la belleza de su faz cautiva del sueño
o posaba su ardiente mejilla sobre sus pies.

Al despertar por la mañana sus labios interminablemente unía a los suyos,
reacia siempre a separarse de nuevo
o a perder ese melifluo rebosadero de persistente gozo,
reacia a separar su cuerpo de su pecho,
los cálidos inadecuados signos que debe usar el amor.

Intolerante de la pobreza del Tiempo
arañando su pasión a las fugitivas horas
hubiera deseado en un solo día la provisión de centurias
de pródigo amor y de oleaje de éxtasis;
o si no se esforzaba incluso en el tiempo mortal
en construir un pequeño habitáculo de eternidad
mediante la profunda unión de dos vidas humanas,
su alma sola encerrada dentro de su sola alma.

Cuando todo había sido dado ella demandaba todavía;
aún insatisfecha de su fuerte abrazo,
ansiaba gritar, “Oh tierno Satyavan,
oh amor de mi alma, da más, da más
amor mientras todavía puedas, a la que tú amas.
Estampa en ti para que cada nervio guarde
el estremecido mensaje de mi corazón.
Pues pronto nos separaremos y quién sabe por cuánto tiempo
antes de que la gran rueda* en su monstruoso girar
nos devuelva el uno al otro y nuestro amor.”

Notas:
su espíritu: componente junto con su ser psíquico del Ser interior de Savitri, delegación del alma eterna en su manifestación terrenal. Véase el articulo “Para leer Savitri. El Libro del Yoga”.
gran rueda: del nacimiento y de la muerte.

15 junio, 2019

Libro VII: El Libro del Yoga. Canto I: La Alegría de la Unión; la Ordalía del Conocimiento Previo de la Muerte.

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El rico y feliz recogimiento que antaño
la preservaba cual fronda de plata
acomodada en luminoso nido de pensamientos y sueños
dio paso a trágicas horas de soledad
y solitaria pena que nadie podía compartir o conocer,
un cuerpo viendo el fin demasiado temprano de la alegría
y de la frágil felicidad de su amor mortal.

Su impasible rostro callado y dulce y calmo,
sus gráciles actos cotidianos eran ahora una máscara;
en vano dirigía la mirada a sus honduras para encontrar
una base de quietud y de paz del espíritu.

Todavía velado para ella estaba el silencioso Ser interior*
que contempla el drama de la vida pasar con ojos impertérritos,
que sobrelleva la tristeza de la mente y del corazón
y soporta en humanos corazones el mundo y el destino.
Llegaba un atisbo o destellos, la Presencia permanecía escondida.

Sólo su vehemente corazón y su apasionada voluntad
mantenía al frente para afrontar el inmutable destino;
indefensos, desnudos, uncidos a su humana suerte
carecían de medios para actuar, de vía de salvación.

A estos* controlaba, nada era mostrado al exterior:
para ellos* era todavía la niña que conocían y amaban;
no veían la afligida mujer interior.

Ningún cambio era apreciado en sus hermosos movimientos:
adorada emperatriz a quien todos rivalizaban en servir,
de sí misma hacía la diligente servidora de todos,
no escatimaba las labores de escoba y tinaja y pozo,
o el entrañable gentil cuidado o apilar el fuego
de altar y cocina, ni la nimia tarea permitida
a los demás que su fuerza de mujer le permitiera realizar.

En todos sus actos resplandecía una extraña divinidad:
en el más simple movimiento podía evocar
una unidad con el radiante vestido luminoso de la tierra,
una exaltación de los actos comunes mediante el amor.

Suyo era todo el amor que con único bramante celestial
unía todo con todo y con ella como lazo dorado.

Notas:
Ser interior: su ser psíquico, componente junto con su espíritu del Ser interior de Savitri, delegación del alma eterna en su manifestación terrenal. Véase el articulo “Para leer Savitri. El Libro del Yoga”.
a estos: a su vehemente corazón y su apasionada voluntad
ellos: los allegados de Savitri: Satyavan, la familia de Satyavan, todos cuantos ahora en lo profundo de la selva formaban parte de la nueva vida de Savitri.

15 mayo, 2019

Libro VII: El Libro del Yoga. Canto I: La Alegría de la Unión; la Ordalía del Conocimiento Previo de la Muerte. [469]


Los momentos discurrían raudos e implacables; alarmados
sus pensamientos, su mente recordaba la fecha de Narad.

Temblorosa desasosegada contable de sus riquezas,
calculaba los insuficientes días que restaban:
una terrible expectación laceraba su pecho;
horrible para ella era el paso de las horas:
la angustia llegaba, apasionada extranjera a su puerta:
desvanecida mientras en sus brazos, del sueño
surgía cada mañana mirándola a la cara.

Vanamente se refugiaba en abismos de gozo
de la persecución de un final que conocía.

Cuanto más se anegaba en el amor esa angustia crecía;
su pesar más profundo surgía tras las más dulces vorágines.

La remembranza era un punzante dolor, sentía
cada día una hoja dorada cruelmente arrancada
de su demasiado delgado libro de amor y de gozo.

Así meciéndose en intensas ráfagas de felicidad
y bañándose en sombrías olas de presentimiento
y alimentando la tristeza y el terror con su corazón, —
pues ahora se sentaban entre los huéspedes de su pecho
o en su cámara interior caminaban aparte, —
sus ojos miraban sin ver luz en la noche del futuro.

Desde su separado yo miraba y veía,
[al pasar entre los inconscientes rostros amados,
para la mente una extraña aunque tan próxima para el corazón],
al ignorante mundo sonriente seguir felizmente
su camino hacia un desconocido destino
y se asombraba de las despreocupadas vidas de los hombres.

En diferentes mundos caminaban, aunque tan próximos,
ellos confiados del sol que regresa,
arropados en las pequeñas esperanzas y tareas de cada hora, —
ella en su terrible conocimiento sola.

15 abril, 2019

Libro VII: El Libro del Yoga. Canto I: La Alegría de la Unión; la Ordalía del Conocimiento Previo de la Muerte.

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Al principio para ella bajo los cielos de zafiro
la rústica soledad era un magnífico sueño,
altar de esplendor y fuego de estío,
palacio de dioses techado por el cielo, recubierto de flores
y todas sus escenas una sonrisa en labios del rapto
y todas sus voces trovadoras de felicidad.

Había una melodía en el viento casual,
una gloria en el menor rayo de sol;
la noche era una crisoprasa* en traje de terciopelo,
una acogedora oscuridad o una intensa luz de luna;
el día era una parada* púrpura y un himno,
un ondear de risa de luz de la mañana a la tarde.

Su ausencia [de Satyavan] era un sueño del recuerdo,
su presencia el imperio de un dios.
Una fusión de los gozos de tierra y cielo,
una trémula llamarada de renovado rapto nupcial,
un apuro de dos espíritus por ser uno,
un arder de dos cuerpos en una misma llama.

Abiertas fueron puertas de inolvidable felicidad:
dos vidas eran confinadas dentro de un cielo terrenal
y sino y aflicción huían de esta apasionada hora.

Mas ahora decaía el ardiente hálito del verano
y masas de nubes negroazuladas se arrastraban a través del cielo
y la lluvia se deslizaba sollozante sobre las chorreantes hojas
y la tormenta se convertía en la voz de titán de la selva.

Entonces al escuchar el fatal estruendo del trueno
y las fugitivas pisadas repiqueteantes de los chaparrones
y el prolongado jadeo insatisfecho del viento
y el murmullo de la tristeza en la noche vejada por los sonidos,
le alcanzaba todo el pesar del mundo.

La oscuridad de la noche se le antojaba la siniestra faz de su futuro.

Surgía la sombra del destino de su amado
y el miedo posaba sus manos sobre su mortal corazón.

Notas:
crisoprasa : Variedad de calcedonia (forma fibrosa del cuarzo) que contiene pequeñas cantidades de níquel. Generalmente de color verde claro, pero puede variar hasta el verde oscuro; piedra semipreciosa con brillo en la oscuridad.
parada: sinónimo de desfile, sucesión, procesión.

15 marzo, 2019

Libro VII: El Libro del Yoga. Canto I: La Alegría de la Unión​ ​y la Ordalía del Conocimiento Previo de la Muerte.

[466]

En un extendido atardecer de ojo rojo luciendo entre cúmulos,
a través de un estrecho claro, una verde cañada florida,
apartado de la mirada de cielo y tierra llegaron
a un poderoso refugio de esmeralda atardecer.

Allí introducidos por una estrecha senda acogedora
que discurría bajo la sombra de enormes troncos
y bajo arcos avaros de la luz de sol,
vieron los bajos techos de paja de un eremitorio
arrebujados bajo un retazo de azur*
en un soleado claro que parecía la eclosión
de una leve sonrisa en el prodigioso corazón de la selva,
un rudo refugio del pensamiento y de la voluntad del hombre
vigilado por los apiñados gigantes* del bosque.

Llegados a este rústicamente forjado caserío entregaron*,
sin seguir cuestionando lo singular de su destino,
el motivo de su orgullo su bien amada al noble ciego rey,
regio pilar de caída grandeza
y a la majestuosa mujer antaño reina ajada por las preocupaciones
que ya no esperaba nada de la vida para sí misma,
mas que lo esperaba todo para su hijo único,
reclamando del parcial Destino para esa solitaria cabeza
de la tierra toda alegría, del cielo toda beatitud.

Adorando sabiduría y belleza como las de un joven dios,
lo veía amado por el cielo como por ella misma,
se regocijaba en su brillantez y creía en su destino
y desconocía el mal que se aproximaba.

Permaneciendo durante algunos días en el linde del bosque
como hombres que retrasan el dolor de la partida,
reacios a separar pesarosas manos unidas,
reacios a contemplar por última vez una cara,
abrumados con la tristeza de un día por llegar
y estupefactos ante la despreocupación del Destino
que rompe con ociosas manos sus trabajos supremos,
se separaron de ella con corazones agobiados por la carga de la pena
como forzados por el inexorable destino nos separamos
de quien nunca volveremos a ver de nuevo;
llevados por la singularidad de su destino,
impotentes contra la elección del corazón de Savitri
la libraron a su embeleso y a su sino
en el silvestre cuidado de la formidable selva.

Atrás dejó ella todo cuanto su vida había sido hasta entonces,
la bienvenida dio a todo lo que de ahora en adelante era de él y de ella,
con Satyavan moraba en los bosques salvajes:
inapreciable consideraba su gozo tan próximo de la muerte;
aparte con el amor vivía para el amor sólo.

Ecuánime por encima de la marcha de los días,
su inmóvil espíritu* observaba la premura del Tiempo,
estatua de pasión y de fuerza invencible,
absolutismo de suave voluntad imperiosa,
tranquilidad y violencia de los dioses
indómito e inmutable.

Notas:
azur: el azul del cielo.
gigantes del bosque: en alusión a los árboles del bosque.
entregaron: los componentes del séquito que acompañaba a Savitri.
espíritu: junto con el ser psíquico constituyen el Ser interior de Savitri, delegación del alma eterna en su manifestación terrenal. Véase el articulo “Para leer Savitri. El Libro del Yoga”.

01 enero, 2019