15 diciembre, 2018

Para leer Savitri. El Libro del Yoga.

Atrás han quedado, en esta lectura serial del poema Savitri, el Libro IV: El libro del Nacimiento y de la Búsqueda, el Libro V: El Libro del Amor, y el libro VI: El Libro del Destino.
Las enseñanzas de Sri Aurobindo están plasmadas en esos libros como lo están a lo largo de todo el poema. Si bien es cierto que resulta difícil hacerse una idea del conjunto de esas enseñanzas mediante una lectura seriada, no lo es menos que ésta facilita la lectura y que la falta de visión de conjunto queda compensada por el contenido mántrico de cada verso, de cada frase, que puede evocar en nuestro interior resonancias puntuales de algo que vibra al unísono con alguno de los contenidos leídos.
Pero si, como ha quedado dicho, las enseñanzas de Sri Aurobindo van apareciendo a lo largo de todo el poema, lo hacen de una manera más patente, en lo que al yoga respecta, en este libro actual: El Libro del Yoga.
Se trata del libro que relata el yoga de la heroína y por lo tanto, desde nuestra perspectiva de lectores y de la misma forma que pueda suceder en la lectura de cualquier otro relato, puede ser también tomado como el libro de nuestro yoga. Pero siendo las enseñanzas de Sri Aurobindo no siempre fáciles de captar, el yoga que aquí va a ser explicitado podría pasarnos desapercibido si no tuviéramos noticia, si no estuviéramos al tanto, al menos de algunas claves que nos faciliten su percepción.
No nos diferenciamos en ello de nuestra heroína, pues de la misma forma que al lector le haya podido pasar desapercibido el yoga contenido en los libros citados anteriormente, también ha pasado hasta ahora desapercibido para Savitri. Un yoga desapercibido pero que se está produciendo sin ella saberlo.
Recordemos algunos de los versos iniciales del canto IV: La Búsqueda (página 377):
Al principio el exotismo de nuevas escenas radiantes
poblaba su mente y atraía su mirada física.
Mas conforme se desplazaba a través de la cambiante tierra
una consciencia más profunda brotaba en ella:
…
Estos espacios poco familiares de su camino
resultaban conocidos y próximos para un sentido interior,
Es decir que al comenzar el viaje, Savitri sólo se fijaba en todo lo externo, como posiblemente ocurre en el viaje del hombre, hasta que en un momento determinado una consciencia, un sentido interior va despertando en ella.
Pero ese despertar incipiente, difuso, de la conciencia interior de Savitri, va a convertirse en algo más consciente y el yoga va a resultar más patente, pasando a un primer plano, empujado sin duda por la grave situación –la muerte de Satyavan, sólo conocida por ella– que en adelante deberá afrontar.
En esta parte correspondiente al yoga de Savitri, van a hacerse más explícitos o visibles ciertos elementos, ciertos sujetos de la acción, que aun habiendo aparecido con anterioridad en el poema, van a resultar ahora participantes más activos del mismo.
Dentro del yoga de Sri Aurobindo hay unas realidades que nosotros estamos acostumbrados a tratar como meros conceptos, pero a los que Sri Aurobindo da carta de naturaleza y de existencia real y no meramente conceptual o poética. Merece la pena transcribir aquí las palabras de un discípulo de Sri Aurobindo y de Madre:
“La palabra "espiritual" es usada a menudo de forma imprecisa. Generalmente la gente lo hace para significar una mente o una vida elevada, expresándose en un sentido llano que no es necesariamente el sentido "espiritual". Espiritual significa lo que atañe al espíritu y ninguna otra cosa. Poca gente sabe qué es su espíritu. Saben que tienen un alma pero desconocen cómo actúa. Sólo cuando uno se vuelve consciente del alma a través de una sincera disciplina yóguica puede convertirse en un verdadero servidor e instrumento del Divino.”
Udar Pinto, conversación con Anie Nunnally. The Golden Path.
Acorde con estos principios, el alma de cada hombre, que permanece en un plano no evolutivo, inmutable, eterno, al efecto de participar en el proceso evolutivo de la tierra y del hombre, destaca de sí un elemento, una especie de delegación que puede participar en el proceso de la Naturaleza. Esta delegación del alma, a la que Sri Aurobindo designa en ocasiones únicamente como alma, adopta en su manifestación dentro de la Naturaleza, y de cada hombre, dos aspectos, dos facetas, dos polos de una misma realidad. En uno de los polos, situado físicamente por encima de la cabeza, está el espíritu, en el otro polo, y situado en la zona del corazón, se encuentra lo que Sri Aurobindo denomina ser psíquico. Ambos van a actuar a partir de ahora de forma visible, expresa, en la vida de Savitri, apoyándola y dirigiéndola en su yoga.
Sri Aurobindo hace la presentación de este nuevo personaje o protagonista del poema ya desde los primeros versos del Libro del Yoga, definiendo algunas de sus cualidades de la siguiente manera:
Ecuánime por encima de la marcha de los días,
su inmóvil espíritu observaba la premura del Tiempo,
estatua de pasión y de fuerza invencible,
absolutismo de suave voluntad imperiosa,
tranquilidad y violencia de los dioses
indómito e inmutable.

(Libro VII. El Libro del Yoga. Canto I: La Alegría de la Unión y la Ordalía del Conocimiento Previo de la Muerte, pág. 468)
De la misma forma, un poco más adelante avanzando en el Libro del Yoga, en su Canto II, asistiremos a la aparición del ser psíquico de Savitri, que en contestación al requerimiento de la Voz de su propia alma inmortal, se presenta de la siguiente manera:
“Soy tu porción aquí encargada de tu trabajo,
como tú eres mi propio yo asentado por siempre en lo alto,
habla a mis profundidades, oh gran e inmortal Voz,
ordena, puesto que estoy aquí para hacer tu voluntad.”

(Libro VII. El Libro del Yoga. Canto II: La Parábola de la Búsqueda del Alma, pág. 476)

01 diciembre, 2018

El Sol de la risa divina.

Y nada nos impedirá entonces, conocer, comprender, sentir y vivir esta maravillosa Risa del Supremo que experimenta una alegría infinita al observarse a sí mismo vivir infinitamente.
La Madre

Del libro de Ruud Lohman "Matrimandir el Alma de Auroville".

16 noviembre, 2018

Libro VII: El Libro del Yoga. Canto I: La Alegría de la Unión​ ​y la Ordalía del Conocimiento Previo de la Muerte.

[465b]
Tras conocer la profecía de Narad, según la cual a Satyavan sólo le queda un año de vida, Savitri parte hacia a su encuentro, cumplimentando su destino.

Todo era consumado cuanto el corazón de Savitri
[de la suavidad de la flor y adamantino*, apasionado y calmo],
había elegido y sobre la inflexible vía de su determinación
forzada hasta su desenlace la larga curva cósmica.

Una vez más se sentaba tras poderosos cascos presurosos;
una velocidad de armados escuadrones* y una voz
de carretas oída en la lejanía la conducían desde su hogar.

Una tierra postrada despertada de su mudo ensueño
la contemplaba desde una vasta indolencia:
montañas envueltas en brillante bruma, extensos llanos
que se repantingaban a sus anchas bajo los cielos de verano,
región tras región espaciosas al sol,
ciudades como crisolitas* de lejano fulgor
y ríos amarillos discurriendo cual cabellera de león
conducían hacia la esmeralda línea fronteriza de Shalwa,
feliz frente de graníticas vastedades
y austeros picos y soledades de titán.

De nuevo estaba próxima al hermoso y fatídico lugar,
los márgenes esplendentes con la delicia de los bosques
en donde por primera vez encontró el rostro de Satyavan
y él contempló como quien despierta dentro de un sueño
una belleza y una realidad no pertenecientes al Tiempo,
la dulzura de dorada luna de la hija del cielo nacida en la tierra.

Retrocedía el pasado y se aproximaba el futuro:
atrás en la lejanía quedaban ahora los espaciosos salones de Madra,
los blancos pilares tallados, las frescas alcobas umbrías,
los coloreados mosaicos de los suelos de cristal,
los elevados pabellones, los estanques rizados por el viento
y los jardines vibrando con el murmullo de las abejas,
pronto olvidados o una pálida memoria
el salpicar de las fuentes en el estanque bordeado de piedra blanca,
el amable solemne trance acogedor del apogeo solar,
el sueño gris de la columnata en el quieto atardecer,
el lento ascenso de la luna deslizándose en la Noche.

Lejanas quedaban ahora las caras familiares,
el feliz parloteo de seda en labios risueños
y el cercano y apretado abrazo de manos entrañables
y el brillo de adoración en ojos queridos
ofrecido a la única soberana de sus vidas.

La primal soledad de la Naturaleza estaba aquí:
aquí sólo había la voz de pájaro y de bestia, —
el exilio del asceta [en la amplia selva inhumana
de alma sutil] lejos del preciado sonido
de la alegre conversación del hombre y de sus atareados días.


Notas:
adamantino: de la textura del diamante, de extremada dureza, inquebrantable.
armados escuadrones: en alusión a la escolta de Savitri.
crisolita: Variedad del olivino, de color verde pálido; piedra semipreciosa.

01 noviembre, 2018

El Sol de la risa divina

Y el Sol, este Sol de la risa divina que está en el centro de todo, sólo necesitamos aprender a verlo, a sentirlo, a vivirlo.
La Madre
Del libro de Ruud Lohman "Matrimandir el Alma de Auroville", citado en el ejemplar nº 40 de la revista anual "Savitri" editada por la Fundación Centro Sri Aurobindo.

15 octubre, 2018

Libro VII: El Libro del Yoga. Canto I: La Alegría de la Unión y la Ordalía del Conocimiento Previo de la Muerte 465

Tras conocer la profecía de Narad, según la cual a Satyavan sólo le queda un año de vida, Savitri se prepara para partir de nuevo a su encuentro, cumplimentando su destino.

El Destino [de Savitri] seguía su prevista inmutable vía.

Las esperanzas y anhelos del hombre construyen las ruedas viajeras
que llevan el cuerpo de su destino
y conducen su ciega voluntad hacia una meta desconocida.

Su destino en el interior modela sus actos y toma decisiones;
su faz y su forma ya han nacido en él,
su origen se encuentra en su alma secreta:
aquí la Materia parece moldear la vida del cuerpo
y que el alma sigue adonde su naturaleza* conduce.

Naturaleza y Destino constriñen la elección de su libre voluntad.

Mas los espíritus más grandes pueden revertir este balance
y hacer del alma la artífice de su destino.

Ésta es la mística verdad que nuestra ignorancia oculta:
la Fatalidad es un pasaje para nuestra fuerza innata,
nuestra ordalía* es la recóndita elección del espíritu,
Ananke* es la propia determinación de nuestro ser.


Notas:
su naturaleza: de la Materia
ordalía: Terrible prueba ritual utilizada en la antigüedad para establecer la veracidad de una declaración. Aquí hace referencia a la terrible prueba a la que se va a enfrentar Savitri a lo largo del año junto a Satyavan, por el conocimiento de su muerte; en general, prueba o pruebas que el destino trae a los hombres.
Ananke: Mit. griega. Personificación de la inevitabilidad, la necesidad, la compulsión y la ineludibilidad. “Necessitas” en la mitología romana.

30 septiembre, 2018

El darshan de la mañana

Cada mañana en el balcón, después de establecer un contacto consciente con cada uno de los que están presentes, me identifico con el Señor Supremo y me disuelvo completamente en Él. Entonces mi cuerpo, completamente pasivo, no es sino un canal a través del cual el Señor pasa Sus fuerzas libremente y derrama sobre nosotros toda su Luz, su Consciencia y su Gozo, de acuerdo a la receptividad de cada uno.

La Madre

15 septiembre, 2018

Libro V: El Libro del Amor. Canto III: Satyavan y Savitri 411

Luego por la estrecha senda en donde sus vidas se habían encontrado
la condujo y le mostró su mundo a partir de ahora,
refugio de amor y rincón de solitaria felicidad.
Al final de la vereda a través de un verde claro entre los árboles
vio ella una agrupada línea de techos de eremita
y por primera vez se fijó en el futuro hogar de su corazón,
el techo de paja que cubría la vida de Satyavan.

Adornado con enredaderas y trepadoras flores rojas
a sus sueños parecía una rústica belleza
durmiendo con cuerpo bronceado y desarreglado cabello
en su inviolada cámara de paz esmeralda.
Alrededor se extendía la anacoreta atmósfera de la selva
perdida en las profundidades de su propia soledad.
Entonces llevada por la profunda alegría que no podía expresar,
una pequeña parte de ella trémula en sus palabras,
su feliz voz exclamó a Satyavan:
“Mi corazón permanecerá aquí en este linde del bosque
y cerca de este techado de paja mientras me encuentre lejos:
ahora ya no tiene necesidad de nuevos recorridos.

Pues debo ahora tornar a la casa de mi padre
que pronto perderá unos amados pasos habituales
y en vano atenderá por una voz una vez preciada.

Pero en seguida regresaré para que nunca más
la unidad pueda dividir su recobrado gozo
o el destino separar nuestras vidas mientras vivamos.”

Una vez más montó en el esculpido carro
y bajo el ardor de un cálido mediodía
menos espléndido que el esplendor de sus pensamientos y sus sueños
partió con rienda presurosa, ligero corazón mas todavía veía
en la calma lucidez de la visión del mundo interior
a través de la espléndida penumbra de los frescos fragantes bosques
en sendas umbrías entre enormes troncos robustos
pasear hacia un tranquilo claro a Satyavan.

Una nave de árboles consagraba la ermita de paja,
nuevo refugio escondido de su felicidad,
templo y hogar preferido por su alma al cielo.

Que ahora permanecía* con ella, constante escena de su corazón.


Notas:
Que ahora permanecía…: la ermita.

Fin del Canto Tres
Fin del Libro Cinco