Además, el ser psíquico, la personalidad psíquica en nosotros, no emerge de golpe con todo su esplendor y su luz: ella evoluciona, pasa por un lento desarrollo y una lenta formación. En primer lugar, la forma de su ser puede ser indistinguible y después permanecer por largo tiempo, débil y embrionaria, no impura sino imperfecta; porque su formación y su crecimiento dinámico se apoyan sobre el poder del alma que a pesar de la resistencia de la Ignorancia y de la Inconsciencia, es puesta en primer plano en el curso de la evolución. Su aparición es la señal de que el alma emerge en la Naturaleza, y si esta emergencia es todavía débil e imperfecta, la personalidad psíquica también será endeble o débil. Además, ella está separada de su realidad interior debido a la oscuridad de nuestra consciencia, y no se comunica más que imperfectamente con su propia fuente en las profundidades del ser. En efecto, la ruta está poco despejada, se obstruye fácilmente, los hilos están frecuentemente cortados o atestados de comunicaciones de otro género y que provienen de otro origen; su capacidad para transmitir lo que ella recibe a los instrumentos exteriores es asimismo imperfecta. Con la pobreza de sus medios debe, para la mayor parte de las cosas, confiar en sus instrumentos y es sobre sus dotes en los que se apoya y toma su impulso para expresarse y actuar y no sobre la percepción de la entidad psíquica única e infalible. En estas condiciones, ella no puede evitar que la verdadera luz psíquica sea empobrecida o deformada al pasar por la mente y se reduzca a una simple idea u opinión, que el sentimiento psíquico en el corazón se transforme en una emoción débil o en un simple sentimentalismo y que, en las partes vitales, la voluntad de actuar psíquica se cambie en entusiasmo vital ciego o en excitación febril. La personalidad psíquica está muy forzada a aceptar estas deformaciones, a falta de otra cosa mejor, e intenta realizarse a través de ellas. Porque eso forma parte del trabajo del alma, influir en la mente, en el corazón y en el ser vital, y orientar sus ideas, sus sentimientos, sus entusiasmos, sus dinamismos hacia lo que es divino y luminoso; pero eso no puede hacerse más que imperfectamente al principio, con su lentitud y mezcolanza. A medida que la personalidad psíquica crece y se hace fuerte, comulga más estrechamente con la entidad psíquica que está detrás, y mejora sus comunicaciones con la superficie. Ella puede transmitir sus intimaciones a la mente, al corazón y a la vida con una pureza y una fuerza mayores, y porque es más capaz de ejercer un control sólido y reaccionar contra las falsificaciones; por lo tanto, ella se hace sentir cada vez más distintamente como un poder en nuestra naturaleza. Pero aun así, esta evolución será todavía lenta y larga, si está sujeta a la sola acción automática y dificultosa de la Energía evolutiva; es únicamente cuando el hombre se despierta al conocimiento del alma y siente la necesidad de traerlo a la superficie y hacerlo maestro de su vida y de su acción, cuando interviene un método de evolución consciente y más rápido y una transformación psíquica llega a ser posible.
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