11 diciembre, 2017

Libro V: El Libro del Amor. Canto III: Satyavan y Savitri, 402

Por un momento permaneció silenciosa como escuchando aún su voz,
reticente a romper el encanto, luego lentamente habló.

Ensimismada contestó, "Soy Savitri,
princesa de Madra. ¿Quién eres tú? ¿Qué nombre
musical de la tierra te expresa ante los hombres?
¿Qué tronco de Reyes regado por afortunadas corrientes
ha florecido por fin sobre una feliz rama?
¿Por qué moras en el bosque sin sendas
lejos de las hazañas que tu gloriosa juventud demanda,
rodeado de anacoretas y de las progenies salvajes de la tierra,
en donde a solas con tu yo testigo paseas
en la verde inhumana soledad de la Naturaleza
rodeado por enormes silencios
y por el ciego murmullo de primigenias calmas?"

Y Satyavan contestó a Savitri:
"En los días en los que todavía sus ojos miraban claro a la vida,
quien fuera el rey Dyumatsena, el Shalwa, reinaba
en toda la amplitud que desde detrás de esas cimas
[que pasan sus días de esmeralda deleite
en confiada conversación con los vientos viajeros]
se extiende, mirando vuelta hacia los cielos del Sur,
y tiende su flanco sobre las meditativas colinas.

Mas el Hado ecuánime retiró su protectora mano.
 
Una noche en vida cercó las duras sendas del hombre
los brillantes dioses del cielo reclamaron sus descuidados dones,
tomaron de vac
​í
os ojos su alegre y amigable rayo

y apartaron a la incierta divinidad de su lado.
 
Desterrado del imperio de la luz exterior,
perdida la camaradería de los hombres que ven,
permanece en dos soledades, la interior
y la del solemne susurro de los bosques.

El poema íntegro en español puede ser descargado en la página web Savitri de Sri Aurobindo.
Quienes deseen disponer únicamente del texto del presente Canto III: Satyavan y Savitri, pueden descargar la Parte Segunda, Libros IV a VIII, e imprimir las páginas 400 a 412.

01 diciembre, 2017

​Encontrar al Divino III

Me preguntas la disciplina que habría que seguir para convertir la búsqueda mental en una viva experiencia espiritual. Lo que resulta necesario en primer término es practicar la concentración de tu consciencia en tu interior. La mente humana ordinaria tiene, en su superficie, una actividad que vela el verdadero Yo. Pero existe otra, una oculta consciencia interior tras la superficie, en la cual podemos llegar a ser conscientes del verdadero Yo y de una verdad más vasta y más profunda de la naturaleza, realizar el Yo y liberar y transformar la naturaleza. El objeto de esta concentración es aquietar la mente de superficie y comenzar a vivir en el interior. De esta verdadera consciencia diferente de la superficial existen dos centros principales, uno en el corazón (no el corazón físico, sino el centro cardiaco en mitad del pecho), otro en la cabeza. La concentración en el corazón abre el interior y siguiendo esta apertura interior y yendo más profundo uno se vuelve consciente del alma o ser psíquico, el elemento divino en el individuo. Este ser desvelado comienza a manifestarse, a regir la naturaleza, a hacer que ésta y todos sus movimientos se vuelvan hacia la Verdad, hacia el Divino, y a hacer llegar hasta ella todo lo que está por encima. Trae consigo la consciencia de la Presencia, la dedicación del ser a Lo Más Alto e invita al descenso a nuestra naturaleza de unas Fuerza y Consciencia mayores que están aguardando por encima de nosotros. Concentrarse en el centro del corazón haciendo ofrenda de uno mismo al Divino y aspirando a esta apertura interior y a la Presencia en el corazón constituye la primera vía y, si puede hacerse, el comienzo natural; puesto que su resultado una vez obtenido hace la senda espiritual mucho más fácil y segura que si uno comienza por la otra vía.
(continuará)
Sri Aurobindo. Cartas sobre el yoga.

21 noviembre, 2017

Encontrar al Divino II

A medida que ésta [la Verdad espiritual] crezca, sentiremos la Luz y la Verdad divinas, la Potencia y la Fuerza divinas, la Pureza y la Paz divinas trabajar en nosotros, hacerse cargo de nuestras acciones y también de nuestra consciencia, utilizándolas para remodelarnos a Imagen del Divino, eliminando las escorias para sustituirlas por oro puro del Espíritu. Sólo cuando la Divina Presencia sea permanente en nosotros y la consciencia se haya transformado tendremos derecho a decir que estamos dispuestos a manifestar al Divino en el plano material. Si erigimos un ideal o un principio mental y lo imponemos al trabajo interior, corremos el riesgo de limitarnos a una realización mental o de impedir e incluso de falsear, por una formación que se detiene a mitad de camino, la verdadera comunión y una total unidad con el Divino y el fluir libre e íntimo de Su voluntad en nuestra vida. El mental moderno está particularmente sujeto a este error de orientación. Es infinitamente preferible abordar al Divino por la Paz, la Luz o la Dicha que produce Su realización que hacer intervenir estos móviles secundarios que pueden distraernos de lo único indispensable. La divinización de la vida material, de la misma forma que la de la vida interior, forma parte de nuestra visión del Plan divino, pero no puede ser llevada a cabo sino mediante un emanar de la realización interior, algo que crece desde el interior hacia afuera, no mediante la realización de un principio mental.
(continuará)
Sri Aurobindo. Cartas sobre el yoga.

11 noviembre, 2017

Libro V: El Libro del Amor. Canto III: Satyavan y Savitri, 401

​[Continúa y finaliza el parlamento de Satyavan comenzado en 400b.]

Aunque del cielo tu belleza parece aliada,
mucho más se regocijarían mis pensamientos sabiendo
que una mortal dulzura sonríe entre tus párpados
y que tu corazón puede latir por unos humanos ojos
y que tu áureo pecho se estremece con una mirada
y que su agitación responde a una voz nacida en la tierra.

Si nuestros afectos afligidos por el tiempo puedes sentir,
si las cosas normales y simples de la tierra te pueden satisfacer,
si tu mirada puede dirigirse contenta hacia el suelo de la tierra,
y esta celestial muestra de deleite,
tu cuerpo dorado, confrontar la fatiga
oprimiendo con su gracia nuestra tierra, al tiempo que
el frágil dulce gusto pasajero de la comida terrestre
te retiene y el saltarín vino de los torrentes,
desciende. Detén tu jornada, quédate con nosotros.

Cercano está el escarpado eremitorio de mi padre
tras esas altas hileras de silenciosos reyes,
amenizado por las voces de coros de multicolor vestimenta
cuyos cantos repiten transcrita en musicales notas
la apasionada inscripción colorida de las ramas
y llenan las horas con su melodioso grito.

Entre el zumbido de bienvenida de las numerosas abejas
entra en nuestro melifluo reino de los bosques;
deja que te conduzca allí a una opulenta vida.

Austera, simple es la rústica vida eremítica;
mas está vestida con las joyas de la tierra.

Corren los vientos salvajes — visitantes entre medio de onduladas cimas,
a través de los calmos días centinelas de paz del cielo
que recostadas en una atmósfera vestida de púrpura
contemplan desde lo alto un rico sigilo y silencio
en cuyo interior salmodian las aposentadas aguas nupciales.

Enormes, susurrantes, multiformes alrededor
altos bosques en los que los dioses han tomado en sus brazos
la hora del hombre, un huésped de sus seculares pompas.

Ataviadas están las mañanas de verde y oro,
sol y sombra tapizan los muros
para hacer una cámara de reposo digna de ti."

Notas:
... de silenciosos reyes: las montañas
…centinelas de paz del cielo: las cimas

01 noviembre, 2017

​Encontrar al Divino I

Encontrar al Divino es en realidad la principal razón de buscar la Verdad espiritual y la vida espiritual; es lo único indispensable y sin ello todo el resto no es nada. Una vez que se encuentra al Divino, hay que manifestarlo, –es decir, en primer lugar transformar nuestra consciencia limitada en la Consciencia divina, vivir en la Paz, la Luz, el Amor, la Fuerza, la Felicidad infinitos, llegar a ser todo eso en nuestra naturaleza esencial y, en consecuencia, ser su receptáculo, su canal, su instrumento en nuestra naturaleza activa. Introducir en la actividad el principio de la unidad en el plano material, o trabajar por la humanidad, es una interpretación mental errónea de la Verdad –esas cosas no pueden ser el principal y verdadero objeto de la búsqueda espiritual. Es preciso que encontremos el Yo, el Divino; sólo entonces podremos conocer cuál es el trabajo que el Yo o el Divino exige de nosotros. Hasta entonces, nuestra vida y nuestra acción no pueden ser sino una ayuda o un medio de encontrar al Divino y no deberían tener ninguna otra razón de ser. A medida que crecemos en la consciencia interior, o a medida que la Verdad espiritual del Divino crece en nosotros, nuestra vida y nuestra acción deben ciertamente dimanar cada vez más de ésta, ser unos con ella. Pero decidir de antemano, según nuestras limitadas concepciones mentales, en qué deban consistir, entorpece el crecimiento en nuestro interior de la Verdad espiritual.
(continuará)
Sri Aurobindo. Cartas sobre el yoga.

21 octubre, 2017

Las dos Naturalezas

Ésa, es [Mi Naturaleza] inferior; pero debes saber que existe otra, Mi Naturaleza suprema, [la] que se convierte en el alma individual y sostiene el mundo, oh Guerrero de los grandes brazos.

Sri Aurobindo. El Yoga de la Bhagavad Gita. VII.5.

11 octubre, 2017

Libro V: El Libro del Amor. Canto III: Satyavan y Savitri, pág. 400b

Así habló primero Satyavan a Savitri:
"Oh tú que vienes a mí desde los silencios del Tiempo,
sin embargo tu voz ha despertado mi corazón a una desconocida felicidad,
inmortal o mortal solo en apariencia,
pues algo más que la tierra me habla desde tu alma
y algo más que la tierra me rodea en tu mirada,
¿cuál es tu nombre entre los hijos de los hombres?
¿De dónde has amanecido colmando los días de mi espíritu,
más luminosa que el verano, más brillante que mis flores,
en los solitarios lindes de mi vida,
oh luz de sol modelada cual áurea doncella?

Sé que poderosos dioses son amigos de la tierra.
He escuchado extrañas voces cruzar las ondas del éter,
el mágico sonido del Centauro ha estremecido mi oído;
he atisbado a las Apsaras bañándose en sus estanques,
he visto las ninfas de los bosques curioseando a través de las hojas;
los vientos me han mostrado sus avasallantes señores,
he contemplado a los príncipes del Sol
ardiendo en casas de mil pilares de luz.

Por eso ahora mi mente podría soñar y mi corazón temer
que desde un lecho de maravilla más allá de nuestro aire
levantada en una amplia mañana de los dioses
condujiste tus caballos desde los mundos del Tonante.

Notas:
Centauro: Mit. griega. Raza de seres con el torso y la cabeza de humano y el cuerpo de caballo. 
Apsaras: Mit. hindú. Ninfas acuáticas.
Tonante: Mit. romana. Júpiter ostentaba el mismo papel que Zeus en la mitología griega como principal deidad del panteón. Uno de los defectos de Júpiter era su promiscuidad y para realizar sus conquistas amorosas, se transformaba en animales como cisnes, toros o pájaros, pues él no podía ser visto en toda su gloria. Aquí parece hacerse alusión a esa capacidad transformadora de lo divino en humano que Satyavan atribuye a Savitri.