14 junio, 2020

480 Libro VII: El Libro del Yoga. Canto II: La Parábola de la Búsqueda del Alma.


Grises fuerzas como un delgado miasma se arrastran sigilosamente,
deslizándose por los resquicios de las puertas de su* cerrada mansión,
decolorando los muros de la mente más alta
en la que vive su perfecta y engañosa vida,
y dejan detrás un hedor a pecado y a muerte:
no sólo surgen en él perversas tendencias del pensamiento
y formidables influencias sin forma,
sino que hasta allí llegan presencias y espantosas formas:
extraordinarias figuras y rostros suben por sombríos peldaños
y miran a veces al interior de sus* salones,
o llamados para el apasionado trabajo de un momento
dejan una terrible afirmación de carácter sobre su corazón:
sacados de su reposo, ya nunca pueden ser sujetados.

Afligiendo la luz del día e inquietando la noche,
invadiendo a su capricho su habitáculo exterior,
los horripilantes terribles habitantes de la desolada penumbra
trepando hasta la luz de Dios perturban toda luz.

Cuanto han tocado o visto lo hacen suyo propio,
en el sótano de la Naturaleza se alojan, obturan los corredores de la mente,
entorpecen los nexos del pensamiento y las secuencias de la reflexión,
irrumpen en el silencio del alma con alboroto y griterío
o invocan a los habitantes del abismo,
invitan a los instintos a gozos prohibidos,
despiertan una risa de terrible regocijo demoníaco
y con degenerados motín y orgía sacuden el basamento de la vida.

Impotente para reprimir a sus imponentes prisioneros,
el aterrado dueño de la casa se refugia arriba,
siéndole arrebatada su casa ya no vuelve a ser suya.

Está confinado y sometido, víctima del juego,
o, seducido, se regocija en el loco y potente fragor.

Las poderosas fuerzas de su naturaleza se han levantado
y celebran a sus anchas una fiesta de rebeldía.

Surgidas de la oscuridad en la que se agazapaban en lo profundo,
apartadas de la vista, ya nunca pueden ser contenidas;
los impulsos de su naturaleza son ahora sus dueños.

Notas:
su cerrada mansión: del hombre
sus salones: id.

15 mayo, 2020

479 Libro VII: El Libro del Yoga. Canto II: La Parábola de la Búsqueda del Alma.

Desconocido para sí mismo vive un oculto rey*
tras ricos tapices en grandes habitaciones secretas;
epicúreo de los invisibles gozos del espíritu,
vive en la dulce miel de la soledad:
dios sin nombre en templo inaccesible,
en el secreto santuario de su recóndita alma*
guarda los encubiertos misterios del ser
bajo el umbral, tras sombrías puertas
o encerrados en vastos sótanos de sueño inconsciente.

El inmaculado Divino Todo-Maravilla
arroja en la ​​argéntea pureza de su alma*
su esplendor y su grandeza y la luz
de autocreación en la infinitud del Tiempo
como dentro de un sublime cristal reflector.

En la vida del mundo el hombre da forma a los sueños de Dios.

Pero todo está allí, incluso los opuestos de Dios;
él* es un pequeño frente de los trabajos de la Naturaleza,
esbozo pensante de una críptica Fuerza.

Todo cuanto en ella hay lo revela en él,
sus esplendores caminan en él y sus oscuridades.

La viviente casa del hombre no sólo contiene a los dioses:
hay Sombras ocultas, Poderes tenebrosos,
moradores de las ominosas habitaciones inferiores de la vida
formidables residentes de un mundo sombrío.

Descuidado guardián de los poderes de su naturaleza,
el hombre alberga peligrosas fuerzas en su casa.

El Titán y la Furia y el Djinn
permanecen cautivos en el pozo de la caverna del subconsciente
y la Bestia se arrastra en el cubil de su* antro:
terribles refunfuños emiten y murmuran en su letargo.

Insurgente levanta a veces su enorme cabeza
un monstruoso misterio que acecha en las profundidades de la vida,
el misterio de oscuros y caídos mundos,
los pavorosos rostros de los adversos Reyes.

Los espantosos poderes reprimidos en sus profundidades
se convierten en sus* señores o sus ministros;
desmedidos invaden su casa corporal,
pueden obrar en sus actos, infestar su pensamiento y su vida.

El infierno surge en el aire humano
y todo lo trastoca con pervertido aliento. 


Notas:
un oculto rey: la divinidad oculta en el hombre, el núcleo del ser psíquico. Véase el articulo “Para leer Savitri. El Libro del Yoga”.
de su recóndita alma: del hombre.
argéntea pureza  de su alma: del hombre.
él: el hombre
su antro: del hombre
sus señores: del hombre

15 abril, 2020

478 Libro VII: El Libro del Yoga. Canto II: La Parábola de la Búsqueda del Alma.

Un alma consciente en el mundo de lo Inconsciente,
oculta tras nuestros pensamientos y esperanzas y sueños,
indiferente Señor rubricando los actos de la Naturaleza
deja a la delegada mente como aparente rey.

En su flotante casa sobre el mar del Tiempo
el regente* se sienta al trabajo y jamás reposa:
es un muñeco de la danza del Tiempo;
llevado por las horas, la llamada del momento
lo compele con el agolpamiento de la necesidad de la vida
y el babel de las voces del mundo.

Esta mente desconoce el silencio y el reposo sin sueños,
en la incesante ronda de sus pasos
los pensamientos recorren por siempre el expectante cerebro;
trabaja como una máquina que no puede parar.

Hasta las habitaciones de los diferentes niveles del cuerpo
interminables descienden apiñados los mensajes del sueño-de-dios.

Todo es murmullo de un millar de tonos y parloteo y agitación,
un incansable correr de un lado para otro,
movimiento apresurado e incesante grito.

Los prestos sentidos servidores contestan de inmediato
a cada golpe sobre las puertas externas,
dan paso a los visitantes del tiempo, anuncian cada llamada,
admiten los mil interrogantes y demandas
y los mensajes de las mentes comunicantes
y el pesado negocio de innúmeras vidas
y todo el multiforme comercio del mundo.

Incluso en los ámbitos del sueño es exiguo el reposo;
se burla de los pasos de la vida en extraños sueños subconscientes,
se extravía en un reino sutil de escenas simbólicas,
su noche con visiones de fino aire y tenues figuras
llena o puebla con ligeras formas cambiantes
y tan sólo gasta un momento en el Yo silencioso.

Aventurándose* dentro del infinito del espacio de la mente
despliega sus alas de pensamiento en el aire interior,
o viajando en el carro de la imaginación
cruza el globo, viaja bajo las estrellas,
hacia sutiles mundos toma su curso etéreo,
visita a los Dioses en los milagrosos picos de la Vida,
se comunica con el Cielo, escarcea con el Infierno.

Esta es la pequeña superficie de la vida del hombre.

Él es esto y él es todo el universo;
escala lo Indistinguible*, sus profundidades osan el Abismo;
un completo mundo misterioso permanece encerrado dentro.

Notas:
regente: hace alusión a la mente, pero se conserva el masculino en esta línea y siguientes al haberse referido Sri Aurobindo a ella como “aparente rey”.
Aventurándose: el regente, es decir la mente.
lo Indistinguible: aquello que le trasciende y que no puede ver.

16 marzo, 2020

477 Libro VII: El Libro del Yoga. Canto II: La Parábola de la Búsqueda del Alma.


Junto a su predestinado marido Savitri permanecía sentada,
todavía en la rigidez de su dorada pose inmóvil,
estatua de fuego del sol interior.

En la oscura noche la furia de la tormenta discurría,
el trueno restallaba sobre ella, la lluvia siseaba,
su millón de gotas repiqueteaban sobre el techo.

Impasible en medio de la agitación y del grito,
testigo de los pensamientos de la mente, de los talantes de la vida,
miró dentro de sí y buscó su alma.

Un sueño le desveló el pasado cósmico,
la secreta semilla y los místicos orígenes,
los sombríos comienzos del destino del mundo:
una lámpara simbólica poniendo luz en la oculta verdad
configuró para ella el significado del cosmos.

En el indeterminado amorfismo* del Yo*
la creación emprendió sus primeros pasos misteriosos,
de la forma del cuerpo hizo un hogar para el alma
y la Materia aprendió a pensar y la persona creció:
vio el Espacio poblado con semillas de vida
y vio la humana criatura nacida en el Tiempo.

Al principio apareció una tenue semi-neutra marea
del ser emergiendo desde la infinita Nada:
una consciencia miró a la inconsciente Vastedad
y placer y dolor despertaron en el insensible Vacío.

Todo era la acción de una ciega Energía Cósmica:
trabajaba inconsciente de sus propias proezas,
conformando desde lo Inane* un universo.

En seres fragmentarios crecía consciente:
un caos de pequeñas sensibilidades
reunidas alrededor de la cabeza de punta-de-alfiler de un pequeño ego;
en ella* una sensible criatura encontró su equilibrio,
se movía y respiraba una viva, pensante entidad.

En un oscuro océano de vida subconsciente
despertaba una amorfa consciencia de superficie:
una corriente de pensamientos y sentimientos avanzaba y refluía,
espuma de memorias que fraguaba y devenía
vivaz corteza de habituales sentido y pensamiento,
sede de una viviente personalidad
y hábitos recurrentes que imitaban permanencia.

La mente naciente elaboraba una forma mudable,
construía una inestable casa en arenas movedizas,
una isla flotante sobre un insondable mar.

Por este milagro un ser consciente fue construido;
miraba alrededor de éste su dificultoso campo
sobre la verde tierra de peligro y maravilla;
esperaba sobrevivir en un cuerpo efímero
confiando en la falsa eternidad de la Materia.

Percibía una divinidad en su frágil casa;
veía azules cielos, soñaba inmortalidad.
  
Notas:
amorfismo: ausencia de forma.
del Yo: de Aquello de lo cual todo procede más allá del tiempo y del espacio.
Inane: Vacuo, inexistente.
en ella: en la cabeza de punta-de-alfiler.

15 febrero, 2020

Libro VII: El Libro del Yoga. Canto II: La Parábola de la Búsqueda del Alma.


476

Mas refrenando su turbado rebelde corazón,
abrupto, erguido y fuerte, calmo como una montaña,
remontando los mares de la mortal ignorancia,
su ápice inmutable por encima del aire de la mente,
un Poder dentro de ella respondió a la silenciada Voz:
“Soy tu porción* aquí encargada de tu trabajo,
como tú eres mi propio yo situado por siempre en lo alto,
habla a mis profundidades, oh gran e inmortal Voz,
ordena, puesto que estoy aquí para hacer tu voluntad.”

La Voz replicó: “Recuerda para qué viniste:*
encuentra tu alma, recobra tu oculto yo,
en silencio busca el propósito de Dios en tus profundidades,
entonces la naturaleza mortal transmuta en divina.

Abre la puerta de Dios, penetra en su trance.

Arroja de ti el Pensamiento, este ágil imitador de la Luz:
aquietando tu cerebro en su* tremendo silencio
su* vasta Verdad despierta en el interior y conoce y ve.
Arroja de ti el sentido que vela la visión de tu espíritu:
en la enorme vacuidad de tu mente
verás el cuerpo del Eterno en el mundo,
lo reconocerás en cada voz que tu alma escuche,
en los contactos del mundo percibirás su solo toque;
todas las cosas te envolverán en su* abrazo.

Conquista los latidos del corazón, deja que tu corazón palpite en Dios:
tu naturaleza será el instrumento de sus trabajos,
tu voz albergará la grandeza de su Palabra:
entonces acogerás mi fuerza y conquistarás la Muerte.”
  
Notas:
Soy tu porción aquí encargada de tu trabajo: se trata del ser psíquico, que junto al espíritu  (“su ápice inmutable por encima del aire de la mente”) constituyen el Ser interior de Savitri, delegación del alma eterna en su manifestación terrenal. Véase el articulo “Para leer Savitri. El Libro del Yoga”.
Recuerda para qué viniste: En las tres líneas siguientes Sri Aurobindo define de una forma sintética y clara el propósito del Yoga Integral.
su tremendo silencio: de Dios.
su vasta Verdad: de Dios.
en su abrazo: del Eterno.

15 enero, 2020

Libro VII: El Libro del Yoga. Canto II: La Parábola de la Búsqueda del Alma.

475
  
La Voz replicó: “¿Es eso suficiente, oh espíritu?
¿Y qué dirá tu alma cuando despierte y sepa
del trabajo dejado sin hacer para el cual vino?
¿O es esto todo para tu ser nacido en la tierra
misionado con un mandato de la eternidad,
oyente de las voces de los años,
seguidor de las huellas de los dioses,
pasar y dejar inalteradas las viejas leyes polvorientas?
¿No habrá nuevas tablas, ni nueva Palabra,
ni una mayor luz descenderá sobre la tierra
liberándola de su inconsciencia,
al espíritu del hombre de su inmutable Destino?

¿No descendiste para abrir las puertas del Destino,
las puertas de hierro que parecían cerradas para siempre,
y conducir al hombre a la amplia y dorada vía de la Verdad
que discurre a través de las cosas finitas hacia la eternidad?
¿Es entonces éste el relato que debo hacer,
mi cabeza agachada por la vergüenza delante del sitial del Eterno, —
su propio poder que en tu cuerpo encendió fracasado,
su trabajadora de regreso, su tarea sin hacer?”

Entonces el corazón de Savitri cayó en la mudez, sin pronunciar palabra.

18 diciembre, 2019

Libro VII: El Libro del Yoga. Canto II: La Parábola de la Búsqueda del Alma.


474b
  
Mas el corazón de Savitri replicó en la noche sombría:
“Mi fuerza me ha sido arrebatada y entregada a la Muerte.

¿Por qué habría de alzar mis manos a los cerrados cielos
o forcejear con el mudo Destino inevitable
o esperar en vano elevar una ignorante raza
que abraza su carga y se burla de la Luz salvadora
y ve en la Mente el único tabernáculo de sabiduría,
en su áspero pico y en su inconsciente base
una roca de salvación y un ancla de sueño?
¿Existe un Dios a quien algún grito pueda conmover?

Él permanece en paz y deja la fuerza del mortal
impotente contra su calma Ley omnipotente
y la Inconsciencia y las todopoderosas manos de la Muerte.

¿Qué necesidad tengo, qué necesidad tiene Satyavan
de evitar la negra inextricable red, la tenebrosa puerta,
o invocar una Luz más poderosa dentro de la cerrada habitación de la vida,
una Ley más grande dentro del pequeño mundo del hombre?

¿Por qué debería luchar con las inflexibles leyes de la tierra
o sortear la inevitable obra de la muerte?

Seguramente es mejor pactar con mi destino
y seguir de cerca tras los pasos de mi amante
y pasar a través de la noche desde el crepúsculo al sol
cruzando el tenebroso río que divide
las colindantes parroquias de tierra y cielo.

Entonces podremos permanecer abrazados pecho con pecho,
no perturbados por el pensamiento, no perturbados por nuestros corazones,
olvidando hombre y vida y tiempo y sus horas,
olvidando la llamada de la eternidad, olvidando a Dios.”